Memoria y otros olvidos

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En diciembre del año 2000, la coordinadora Gesto por la Paz organizó por primera vez en la calle un acto específico de solidaridad y memoria hacia las víctimas de la violencia con finalidad política. Por entonces, era poco frecuente ensalzar la memoria, buscar el reconocimiento y pedir reparación para las víctimas de la violencia, especialmente para las asesinadas por ETA, que ya para entonces era quien mataba en exclusiva. De hecho, los nombres de las personas muertas, sus vidas, sus viudas y sus feudos pasaban desapercibidos para casi la totalidad de la sociedad vasca. También para el resto de España, dicho sea de paso, sin ánimo alguno de polemizar, pero atestiguado por muchas de ellas. En aquel acto, próximo a las navidades, declaramos la necesidad de activar tanto la figura de la memoria con el objeto de realizar el necesario desagravio hacia ellas, como el reconocimiento de su sufrimiento, absolutamente injusto. Reclamábamos como tarea cívica el hecho de recoger los testimonios de las personas que se quedaban aquí, entre nosotros, solas y con la muerte social a cuestas. Era imprescindible abandonar los anonimatos de hombres y mujeres, niños, padres, madres… que ellas y ellos empezasen a relatar y nosotros a oír todo aquello que resultaba duro de asumir: estaban solas y la desmemoria, la indiferencia, el miedo o la desdeñosa justificación del resto de la sociedad, los expulsaba por segunda vez del “paraíso” civil. Nuestra memoria colectiva estaba incompleta, huérfana de palabras y lágrimas de esas personas que sufrieron lo indecible, siendo ellas las que se llevaron la peor parte de un ataque contra casi todos. Había una grieta entre su dolor y nuestra indolencia.

La historia pretende una reconstrucción sabia y abstracta del pasado; la historia se aprende; la memoria, sin embargo, relata las vivencias, lo sentido, la injusticia padecida, el dolor ocultado socialmente. Pero tiene la virtud de ser útil para el presente y, especialmente, para el futuro.

Durante la transición española se ignoró la memoria, se pasó página de los desmanes de la guerra civil y de toda la dictadura franquista; millones de padecimientos y humillaciones perpetradas en los 40 años anteriores fueron pasto del olvido, de un “tira palante”, por mor de una reconciliación necesaria. Fue lo que fue, pero se pudo y se debió hacer mejor. Ya sé que es fácil decirlo ahora y muy complicado haberlo hecho entonces, sí. Pero de esos polvos nos vienen los lodos de heridas abiertas, de cunetas sin resolver, de miles de agravios sin restaurar o ni siquiera reconocer. El testimonio impactante de Ascensión Mendieta, que no cejó en su empeño de recuperar los restos de su padre, abandonado en una fosa común. No se habló de todo ello cuando tocaba, y llegamos tarde, tanto que muchos otros familiares se murieron sin poder saber dónde estaban sus amores desaparecidos. De todo esto hay que sacar una clara conclusión: nunca más el olvido. Y la memoria es el reverso, es la vida, es el futuro, aunque suene contradictorio.

Recitaba el sabio Benedetti que el día que estalle y salte en pedazos el olvido, arrastrará la verdad por el mundo. Lo decía dilapidando la tristeza del olvido instalado en su país después de los horrores de la dictadura y tras constatar la desaparición física de más de 300 personas a manos del gobierno dictatorial. Amnesia social, lo llama él. Pues bien, venimos a este lado del océano y nos encontramos que todavía estamos a tiempo, que podemos edificar el espacio común de la memoria, donde quepan todos los relatos y padecimientos, donde se constaten las vivencias y tristezas, donde, como ocurriera con la edificante experiencia en Glencree, los testimonios nos interpelen y sobrecojan; tanto que nos quedamos con las manos en la sienes preguntándonos por qué no estuvimos cerca de ellas y ellos. Pero todavía tenemos tiempo, fuerza y ganas como para reparar esa ausencia de oídos, atención y coraje.

En este necesario ejercicio de memoria, también necesitamos saber de primera mano cómo fueron las vidas de las personas perseguidas; algunas marcharon y todo exilio es tristeza y lejanía. Tenemos la obligación social de saber qué significaba recibir una carta de extorsión, esa desasosegante postura de comprar meses de vida a cambio de dinero que sufraga otras muertes, esa transposición de responsabilidades del terror. Hay que, igualmente, conocer cuántos intelectuales marcharon de aquí por sufrir persecución silenciosa.

Incluso, escuchar a ex etarras como Rekarte, Gisasola y Pikabea, por ejemplo, para poder llegar a alguna conclusión. La más elocuente es que ninguno de ellos ha podido realmente justificar crimen alguno.

Vuelvo al principio: cuando en diciembre de 2000 Gesto por la Paz organizó aquel primer acto en solidaridad por las víctimas, se entregó a cada asistente un pensamiento, una flor, con un lema: inoiz gehiagorik ez, nunca más; pretendía ser una evocación a la memoria, un compromiso con ella, esa que enseña a no olvidar, porque si lo hacemos, si nuestros hijos e hijas ya no saben qué ocurrió aquí, puede que no perciban el olor de la justificación de la violencia en los suyos dentro de unos años. Lo acaban de decir los jóvenes que asistieron a los relatos de las víctimas en las aulas: “No sabíamos del dolor de tanta gente”. Pues eso. Memoria como antídoto de repetición de errores. Memoria, en consecuencia, como responsabilidad hacia quienes más sufrieron –y sufren- y hacia el porvenir.

Fabián Laespada

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Vida, memoria y futuro

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La vida, implacable, continúa hacia delante. Impúdica e irremediable, tira del carro con fuerza sin mirar atrás, sin contar con quienes se quedaron prematuramente en el borde Lidon familiadel camino. Dentro del carro seguimos casi todos, incluso aquellos que un tiempo atrás se dedicaron a defenestrar con su pólvora y sus pretextos a muchos de nosotros. Dicen que lo importante es el futuro, que dejemos en paz la historia y sus despojos. Pero yo no puedo porque me despojaron del bueno de José Mari y nos dejaron heridos, muy heridos, especialmente a Marisa, Iñigo y Jordi. Nos despojaron de Fabio, una criatura de dos años, y sus padresFM prensa Arantxa y Antonio quedaron absolutamente desolados. Todo eso fue un día como hoy, 7 de noviembre. Recuerdo las declaraciones de esos que hoy día, montados en el mismo carro,  nos conminan a no regodearnos en el pasado, como si nos gustara remover aquel horror: “No permitiremos que se utilice ese dolor para la realización de denuncias hipócritas por parte de quienes tienen la responsabilidad de estar prolongando el sufrimiento de este pueblo”. Y a continuación reclamaban  la negociación con ETA. Todo esto sucedió hace unos pocos años. La historia -los hechos y su relato objetivo- nos ayuda a reforzar la memoria, esa experiencia vital que habita en cada persona. Esa memoria nos lleva necesariamente al reconocimiento de la injusticia padecida por todas las víctimas, pero este reconocimiento debe ser otorgado por unanimidad social. Todas y todos sin excepción.

Sin embargo, faltan voces que se alcen en contra de la violencia y terror ejercido por ETA. Mientras no tengan la suficiente valentía de reconocer el error de haber apoyado a la banda terrorista y de haber justificado aquellos crímenes, el futuro ideal seguirá lejos, esperando una revisión y reparación. El futuro sólo nos permitirá acercarnos si tenemos el  pasado razonablemente resuelto. Yo creo que no hay proyecto de país medianamente digerible si a él nos quieren llevar líderes ensangrentados y olvidadizos de su pasado. Hoy, como otros tantos y tantos del calendario, es un día para el recuerdo, el reconocimiento y el abrazo cercano a quienes más sufrieron injustamente. Vaya, pues, un cariñoso abrazo para Marisa y sus ya cuatro hijos, así como para Antonio, Arantxa, Alex y Marco. No os olvidamos

Fabián Laespada

Breve historia de una frase breve

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Año 1993. Gesto por la Paz recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Al día siguiente de la ceremonia de recepción, algunos periódicos reprodujeron su discurso íntegro. El ABC, sin embargo, eliminó una frase.

“Se debe hacer posible que cualquier idea pueda ser planteada y desarrollada dentro del contexto democrático”.

Entonces, representantes de todos los poderes del Estado aplaudieron aquel significado, incluido el actual rey Felipe VI.

Hoy, a pesar de su vigencia, duerme en un total olvido.

Discurso completo de Gesto por la Paz en la ceremonia de recepción del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia.

Víctimas cercanas que nos unen a la tragedia de todas

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A raíz del aniversario del asesinado de Joxe Mari Korta, he tenido la ocasión de leer varios artículos que me han gustado mucho. Comparto los enlaces al final del mensaje.

Pedro Miguel Etxenike
Pedro Miguel Etxenike

Me gustaría resaltar estas palabras de Pedro Miguel Etxenike: “Como dije en otra ocasión, por desgracia, muchos de nosotros, una parte muy importante de nuestra sociedad, aun en grados muy diversos, tiene una experiencia cercana, algún nombre que ocupa un lugar especial en su corazón, en su memoria, por su especial cercanía -por unas u otras razones- a una víctima determinada. La reivindicación de su memoria no puede oscurecer la de las demás, sino ayudar a hacerla más viva, a impedir que se diluya en el tiempo; no es -no puede ser- una vía para imponer a los demás una única visión -nuestra visión- de las cosas. Las víctimas que nos son más cercanas, más nuestras, deben ser el vínculo que nos una más estrechamente a todas aquellas a quienes no conocíamos personalmente o con quienes no teníamos especiales vínculos o sintonía, con quienes no pensaban o no eran como nosotros”.

A mí también me tocó especialmente el asesinado de Korta, no le conocía personalmente, pero, por su origen y por lo que transmitía, podía haber sido perfectamente un miembro de mi familia. Me viene a la memoria cómo se lamentaba mi madre; también a ella le conmovió especialmente.

Concentración silenciosa de Gesto por la PazRecuerdo como si fuera ayer los momentos posteriores a su muerte, eran fiestas de Vitoria-Gasteiz. Recuerdo que, el día en el que le asesinaron, el grupo de Gesto por la Paz de Vitoria convocó la concentración silenciosa por la muerte en Bolueta -justo el día anterior- de los cuatro activistas de ETA a los que les reventó el material explosivo que llevaban en el coche. Recuerdo el pequeño caos que se montó en la plazoleta de Correos donde hacíamos las concentraciones, ya que acudía gente para solidarizarse con Joxe Mari Korta, mientras nosotros seguíamos empeñándonos en romper la espiral de la violencia y en denunciar la pérdida absurda de aquellas cuatro vidas que seguro que dejaron un vacío enorme en sus casas y entre la gente que les quería.

Ese verano me tocó trabajar y, junto con mis compañeras de trabajo, solía ir a lo viejo o a la zona de las txoznas. Me recuerdo haciendo tiempo, ya que tanto los bares como las txoznas cerraron unas horas en solidaridad con los muertos de Bolueta.
Al día siguiente nadie cerró en solidaridad con Joxe Mari Korta y su familia y amigos. Veinte minutos antes de la concentración de Gesto verbalicé ante todas mis compañeras que me ausentaba porque me iba a concentrar en silencio por aquella muerte atroz e injusta, otra más, pero que quedó especialmente grabada en mi corazón.

Maite Leanizbarrutia Biritxinaga

Noticias de Navarra

Berria

Deia

 

Miguel Ángel Blanco

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Miguel Ángel Blanco

Parece mentira que ya hayan pasado 20 años -media vida, como quien dice- desde que ETA asesinó a Miguel Angel Blanco. Si ETA no le hubiera elegido a él, ahora tendría casi 50 años. Cualquiera puede revisar su vida y comprobar todo lo que ha hecho desde los 29 hasta los 50 años: una pasada, verdad? Bien, pues todo eso, ETA se lo arrebató. Se lo arrebató sin ningún tipo de piedad, haciendo gala de una crueldad inmensa.

Aquel asesinato no fue liberar a ningún pueblo, ni luchar por la justicia social, ni avanzar en la mejor situación de los pres@s… eso fue lo que fue: la chulería de unos asesinos rabiosos por la liberación por parte de la Guardia Civil del funcionario de prisiones Ortega Lara y el efecto que dicha liberación causó en todo el mundo. Y fue precisamente, toda la situación previa a este macabro asesinato, lo que convirtió la movilización pidiendo su libertad en una catarsis social sin precedentes.

Jamás hubo una manifestación tan numerosa en Bilbao, pero nunca se podría explicar esta potente reacción social, sin toda la tensión generada en la sociedad con los secuestros previos -desde José María Aldaya el 8 de mayo de 1995 hasta la liberación de Ortega Lara el 1 de julio de 1997-.

 

Ortega Lara

El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue más chulesco y dañino que, por ejemplo, el del ingeniero de Lemoniz, José María Ryan. Miguel Ángel Blanco no fue una persona que destacara especialmente por su aportación a la política y por la apuesta por la paz como pudieron ser políticos como, por ejemplo, Fernando Buesa o Gregorio Ordoñez. La respuesta social, sin esos previos mencionados, es posible que hubiera sido similar a la de Tomás y Valiente en Madrid cuando comenzaron los gritos de ‘Vascos sí, ETA no‘ que tanto nos emocionaron. Miguel Ángel Blanco se convirtió en un hito por la respuesta que la ciudadanía ofreció pidiendo su liberación.

Ana Rosa Gómez Moral recoge espléndidamente lo que fueron aquellos días de julio en Relato itinerante cuya lectura recomendamos encarecidamente.

Después de 20 años, somos capaces de enfrentarnos por si el pobre Miguel Ángel Blanco debería o no ocupar un lugar especial entre las víctimas. Patético, pero olvidemos que todas y cada una de ellas son iguales porque son fruto de un acto absolutamente injusto, porque no han hecho más que causar dolor en su entorno y porque nos las arrebataron de nuestra sociedad, y para nuestra vergüenza, en la mayoría de los casos sin ninguna reacción en contra.

Daniel Villar Enciso

Daniel Villar Enciso

Sí, por Miguel Ángel Blanco salimos muchas personas a la calle, pero por desgracia aquello quedó en una rabieta colectiva y aquel compromiso desapareció como la espuma del champán. 55 días más tarde, ETA asesinó en Basauri a Daniel Villar Enciso y ya no se llenaron las calles del coraje, de la valentía, de la solidaridad, del compromiso… que habrían hecho más realidad aquellas manifestaciones de julio de 1997.

Nuestro sincero reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo, a las que destacaron en vida, a las que su vida fue más sencilla y a las que tuvieron una vida nada ejemplar. Todas ellas fueron injustamente asesinadas.

 

¡Libertad!

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Aquel 1 de julio de 1997, nos despertamos con la noticia de la liberación de Cosme Delclaux. Qué duda cabe de que era una noticia muy buena después de 232 días de secuestro, pero la alegría se habría quedado trágicamente coja si no hubiera estado acompañada de otra noticia: la Guardia Civil estaba estrechando el cerco en una zona donde sospechaba que se encontraba José Antonio Ortega Lara. Solo la liberación del funcionario de prisiones, habría liberado a quienes cargaron en sus hombros con el deber moral de pedir su libertad cada día, en cada rincón, de diversas maneras, pero nunca abandonarlo.

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Concentración de Gesto por la Paz en la Plaza de Moyúa de Bilbao (1 de julio de 1997)

Sí, Gesto por la Paz convocó ese mismo día en las capitales vascas concentraciones silenciosas que terminaron con la lectura de un comunicado y la feliz entrega de los lazos azules que llevaban prendidos en las solapas dos años, un mes y 23 días.

Irene Moreno Bibiloni, investigadora de la UPV-EHU escribe esto:

El lazo fue, de hecho, una significación personal, un posicionamiento social y, especialmente, una exposición pública, por lo que supuso el ascenso de un escalón más en el compromiso personal de cada uno: ‘Ya no se trataba de diluir nuestra presencia en una gran manifestación de Gesto, sino de portar, permanente y visiblemente, la pancarta de la libertad sobre nuestro propio cuerpo‘ (Gómez Moral, 2003: 91)”

Irene está realizando un interesante trabajo de investigación sobre la violencia política y la respuesta social. Recientemente, ha publicado una parte de su trabajo que creemos que será de interés para las personas que habitualmente se acercan a Gogoan, por una memoria digna. El lazo azul en el País Vasco: una aproximación desde la historia oral veinte años después

El uso del lazo azul es, hoy en día, un símbolo de la movilización contra el terrorismo
en la década de los noventa. Permitió la visibilización de un sector de la sociedad que llevaba años movilizándose por la paz en el País Vasco, pese a las dificultades con las que se encontraban.
Recomendamos su lectura. 

Guerra sucia II

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Si la democracia mata, la democracia muere – Inork ez du erahiltzerik eskubiderik. Estatuak ere ez” Gesto por la Paz. Donostia, 5 de mayo de 1995

Antes de aprobar la Constitución española de 1978, la extrema derecha, la Triple A y el Batallón Vasco Español (BVE), en relación al ‘caso vasco’ asesinaron a 10 personas. Durante los primeros años de democracia hasta 1989, el BVE, ‘incontrolados’ y el GAL asesinaron a 64 personas. De todas ellas, solo 32 eran militantes de ETA o simpatizantes de la izquierda abertzale.

Juan Carlos García Goena

Juan Carlos García Goena víctima de los GAL

El resto, esto es, las otras 32 personas asesinadas, no tenían absolutamente nada que ver con ese mundo al que, supuestamente, pretendían atemorizar. Estos casos de ‘víctimas colaterales’, o no se sabe bien cómo calificarlas, lo describe bien Luis Azpiolea en el artículo “Las otras víctimas” basado en el informe de la Oficina de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco, que encabezaban Maixabel Lasa y Txema Urkijo.

Si cualquier asesinato es un drama tremendo, el absoluto desamparo en el que quedaban muchas de estas víctimas cuyos casos ni siquiera se investigaban, lo convertía en una tragedia de proporciones absolutamente inasumibles.

Los asesinatos cometidos por estos grupos terroristas provocaron una diferente reacción social según fuera la relación de la víctima con la izquierda abertzale, fundamentalmente, o la proximidad de aquella a su entorno inmediato, como es el caso del Bar Aldana en Alonsótegi. Aquí se puede ver algunas de las diferentes reacciones que causaron estos asesinatos:

Tanto las de la izquierda abertzale como las consideradas ‘daños colaterales’ de la guerra sucia fueron las grandes olvidadas de las instituciones hasta que llegó la Ley 32/1999 de Solidaridad con las víctimas del terrorismo que se reconocía a todas las víctimas por igual.

Pili Zabala

Pili Zabala se emociona durante su intervención en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco

Esto fue así, hasta que en 2011 el Gobierno de Rajoy promulgó la Ley 29/2011. En ella se dicen cosas interesantes como que “Los poderes públicos garantizarán en este sentido y en el ámbito de sus competencias que no se produzcan situaciones injustas o de desamparo hacia las víctimas. Concretamente, trabajarán para impedir la impunidad de los crímenes terroristas en cualquiera de sus manifestaciones y velarán para que los terroristas cumplan íntegramente sus penas.” Sin embargo, en el caso de los asesinatos de los GAL, no parece que se está trabajando con ahínco por esclarecer la verdad –Guerra sucia I– y respecto a las víctimas, parece que quedan en un cierto desamparo: “La Justicia rechaza indemnizar a las víctimas de los GAL si han delinquido“.

Compartimos una de las conclusiones del Informe Foronda del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda: “La consideración social de las víctimas del terrorismo ha evolucionado de la indiferencia al compromiso público. Ellas, injustamente olvidadas durante largo tiempo, son el testimonio explícito del intento de imponer un proyecto político por la fuerza. Es inapropiado establecer diferencias categóricas entre las víctimas de los diferentes terrorismos, del mismo modo que no debe laminarse moralmente a estas últimas equiparándolas con, como hemos señalado en el anterior punto, las víctimas de su propia violencia cuyo sufrimiento puede ser el mismo, pero cuya significación política es diferente. La reivindicación de las víctimas de todos los terrorismos incluye ciertos casos en las que las mismas fueron víctimas y victimarios a la vez: torturadores del franquismo o militantes de organizaciones terrorista. Pero no se reivindica su pasado, sino la injusticia de su asesinato.

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Acto de Gesto por la Paz por las víctimas del GAL. Baiona, 30 de marzo de 1996

 

Guerra sucia I

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Hace 26 años, se inició el primer juicio con el que se pretendía esclarecer la trama GAL. Y en aquellos tiempos, pocas eran las voces que gritaban contra esta barbarie. Una de ellas fue Gesto por la Paz que hacía grandes esfuerzos por sensibilizar a la ciudadanía sobre la maldad y perversidad de aquella trama terrorista.

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Concentración de Gesto por la Paz ante la Audiencia Nacional. Madrid, 1991

Por desgracia, la maldad y perversidad de ETA que seguía actuando y poniendo muchísimos cadáveres y vidas destrozadas cada día, hizo que el disfraz de ‘antiterrorista’ utilizado por los GAL fuera ‘creíble’ para gran parte de la ciudadanía. De esta manera, los esfuerzos de la organización pacifista tuvieron que ser mayores aun sabiendo que los frutos podrían ser pequeños.

Sugerimos la visita al blog Una historia curiosa de estudiantes de historia en el que hacen una recopilación bastante completa de lo que fue el terrorismo de Estado. Por suerte, no prolongaron mucho su actividad que terminó a finales de los 80.

Han pasado muchos años y aún siguen sin esclarecerse muchos de los asesinatos cometidos por el GAL. En proporción, hay muchos más atentados del GAL sin esclarecer que los de ETA. Y, curiosamente, de las pocas personas que fueron juzgadas y condenadas, varias obtuvieron indultos o excarcelaciones por diferentes motivos: El País

barrionuevo y veraQuizás los casos más llamativos son los del Ministro José Barrionuevo y el Secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera que en julio de 1998 fueron condenados a 10 años de prisión y 12 de inhabilitación absoluta por el secuestro de Segundo Marey y por impulsar y financiar las acciones de los GAL. Bien, pues y en diciembre del mismo año, salieron de la cárcel. A pesar de que la sentencia fue ratificada en 2001 por el Tribunal Constitucional, en 2004 obtuvieron la libertad definitiva.

Otro caso especialmente llamativo también fue el del General Enrique Rodríguez Galindo.

Enrique Rodríguez Galindo, general of the Civil Guard Rodríguez Galindo among other officers in a Civil Guard parade

Foro de Huffington

En el año 2000 fue condenado a 71 años de prisión acusado de secuestro y asesinato de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala. Permaneció en la prisión militar de Alcalá de Henares desde mayo del 2000 hasta julio de 2003 que, teniendo en cuenta que había perdido su condición de militar, se le trasladó a la cárcel de Ocaña II. En septiembre de 2004, el Gobierno el Ministerio de Interior decidió excarcelar a Rodríguez Galindo por motivos de salud. Desde entonces, cumple la pena bajo libertad vigilada.

Después de leer esto, cualquiera podría dudar de si realmente la justicia es igual para todas las personas. Y quizás no habría sido así, si la sociedad en general hubiera sido más intransigente con esta violencia también terrorista. Y es que realmente no lo fue. No lo fue no sólo porque aquel 24 de junio -o cualquiera de los otros días en los que Gesto por la Paz salió a la calle por este tema- solo estuvieran 12 personas delante de la Audiencia Nacional pidiendo justicia y limpieza del Estado de Derecho, no. gonzalez-barrionuevoNo lo fue, fundamentalmente, porque miles de ciudadanos y ciudadanas pensaban que estos asesinatos no estaban del todo mal y así lo demostraron sin ningún tipo de rubor quienes fueron a la cárcel de Guadalajara a despedir a quienes entraban presos por haber organizado y financiado los GAL o quienes permitieron y siguen permitiendo que exista la Avenida Jose Barrionuevo Peña.

No lo fue porque cuando Rodríguez Galindo ingresó en Ocaña II, esto es, una cárcel no militar (esto hace pensar que en la militar no estaba nada mal), la familia presentó una petición de indulto avalada por ¡¡¡100.000 firmas!!!

Los aplausos, los gritos de apoyo, incluso el silencio que no condenaban estos asesinatos no son más que formas de ‘legitimar’ de alguna manera este otro terrorismo. Entonces era más difícil porque las continuas actuaciones de ETA podían animar a hacer dejadez de lo que debería ser una obligación ciudadana: condenar sus asesinatos. Pero no se entiende que pasados los años, persistan complicidades con aquellas formas de actuar absolutamente inmorales, inhumanas y antidemocráticas. Y para dejarlo bien claro, aquí se debería exigir la verdad de lo ocurrido, especialmente, por justicia hacia sus víctimas.

Acto en memoria de Eduardo Puelles

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20170619_PuellesHoy, 19 de junio, en la parte del barrio de La Peña que pertenece a Arrigorriaga, la familia y amig@s de Eduardo Puelles y algunos polític@s, fundamentalmente del Partido Popular y del PSE-EE, han participado de un sencillo y emotivo acto en memoria de la última víctima del terrorismo de ETA en el País Vasco.

Ofrenda floral ante la placa que rememora el lugar donde fue asesinado.

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Posteriormente, Josu Puelles dijo unas palabras que podéis ver y escuchar aquí.

El acto terminó con una concentración silenciosa de 10 minutos.

20170619_concentración

Mientras alguien las recuerde, estarán con nosotr@s

siempreviva_alta

El catalanismo, del éxito al éxtasis

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­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­DSC_0175Escuchar a Martin Alonso hablar de las entretelas del poder en la Catalunya de la transición, de la post transición y también de la de estos días, es un placer que está al alcance en pocas ocasiones. Este sociólogo, politólogo es un gran conversador, siempre desde la premisa de una sincera y sonrojante humildad. Suele suceder que los que más y mejor piensan y más profundamente llegan, dicen que no han recorrido prácticamente nada y se admiran por toda esa gente que apenas ha recorrido un par de metros. Martín es un perfecto ejemplo de esta forma de resolverse y usarse en la vida.

El bruto de él se puso a escribir hace tres años sobre el fenómeno del procès català y no ha parado hasta anteayer. El resultado es una trilogía exhaustiva sobre las cosas que no se dicen; esas que no tienen emoción, carga de bilis ni odios, sino datos, citas, fechas y publicaciones comprometidas, textos que no vieron la luz y se medio censuraron, personas y personajes, periodistas y factotums de los medios.el-catalanismo

Nos contó qué significa y qué consecuencias tiene tomarse un chocolate en el Pati dels Tarongers (Patio de los Naranjos) de la Generalitat rodeado de conveniente compañía. Lo que supone considerar al ex honorable como padre de la patria y artífice del estado naciente; ese aturdimiento, ese éxtasis hacia el líder neutraliza completamente el espíritu mínimamente crítico que un ciudadano del catalanishment pudiera albergar. Ayer oí por primera vez un concepto que me resultó elocuente y preocupante a la vez: Fertilización cruzada, esa cosa del ámbito de la política que puede suponerse: do ut des, en el mundo de la Roma Antigua. Es decir, favores  con billete de ida y vuelta.

Martín desenmascaró un secreto que retumba en las Ramblas: a mayor clase social y acomodo en la burguesía rampante, mayor adhesión al independentismo. A muchos les da igual que Marta Ferrusola asista a los actos oficiales del Opus Dei, que todos los hijos estén con las manos metidas en el cajón de los dineros públicos, que el 3% se convirtiese en el 4, 5 o más por ciento. Por cientos y por miles. Eso es lo de menos. Lo de más es que España les roba, ideas fuerza, ideas negativas sobre los españoles, positivas sobre nosaltres; así que resulta incompatible ser secesionista y ser capaz, a su vez, de denunciar la estafa pujolista.

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Y Martín también nos dijo que el lenguaje es vital, y debemos cuidarlo y respetarlo; no por limpiar, fijar y darle esplendor, no, sino porque la democracia empieza en el lenguaje, en la fidelidad a los términos, en que si empezamos a pervertir los términos, acabamos estropeando todo con la ayuda de una lengua manipulada a nuestro placer. También nos habló de la censura, de escribir un ensayo y no ser publicado porque no agrada su contenido: aquí tenéis la referencia de una lectura que por fin, muchos años después, vio la luz, según nos contó Martín Alonso: Catalunya

La metáfora de la tarde: muchos se subieron a un tigre del cual ya no saben descabalgarse, aun cuando en la intimidad, en catalán, confiesan querer bajarse.

Librería Cámara, Bilbao

Librería Cámara, Bilbao

Y por fin, a una pregunta de un atento oyente: ‘referéndum ¿sí o no?’ Llega una reflexión que aquí, en el paisito, nos queda cercana en el tiempo y en el espacio: “Dividir en 48-52% o mitades más o menos iguales, es resquebrajar la convivencia de un país, partirlo de raíz, abrirlo en canal. Eso siempre es perder, ser menos y peores. ¿Qué haces con un país así? ¿Y si empezamos a preguntarnos dónde empezó el desagravio, el desgarro y la afrenta? ¿La hubo de tal magnitud, realmente?

Martín Alonso, en la presentación de este último tomo en la librería Cámara, estuvo bien escoltado por Gaizka Fernández Soldevilla, historiador y miembro del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, Fernando Molina, doctor investigador permanente en la UPV y Josu Ugarte, exdirector de Bakeaz. Gracias a los cuatro por ese rato de reflexión y acercamiento.

Fabián Laespada